Si alguna vez te has preguntado qué significa realmente un “enfoque no pesocentrista” (o Salud en Todas las Tallas / HAES®), estás en el lugar correcto. Quiero contarte no solo en qué consiste, sino también por qué, desde mi experiencia profesional y personal, es el único camino ético para sanar nuestra relación con la comida y el cuerpo.
¿Qué es el Enfoque Incluyente en Peso (HAES®)? 🌿✨
El Enfoque Incluyente en Peso (Health at Every Size, HAES®) es una filosofía y un movimiento de justicia social que desafía la creencia de que el peso es un indicador fiable para la salud. Este enfoque sostiene que la salud es un continuo que se ve impactado por múltiples factores (sociales, emocionales, económicos y biológicos), no por un solo número en la báscula. Por ello, promueve el bienestar integral (físico, emocional y social) a través de hábitos sostenibles, como una alimentación más intuitiva y un movimiento físico placentero, en lugar de centrarse en la pérdida de peso. En esencia, busca desmantelar el estigma de peso y garantizar una atención sanitaria respetuosa y libre de prejuicios para todas las personas, independientemente de su tamaño corporal.
Y, ¿por qué este enfoque?
1. Porque la ciencia lo respalda (y ya era hora)
Vamos a derribar un mito: tu peso no determina tu salud. Tener un cuerpo grande no es sinónimo de enfermedad, igual que la delgadez no es garantía de salud. Durante décadas, muchos estudios han confundido correlación con causalidad, ignorando variables cruciales como el estigma de peso, el estrés crónico o el acceso a recursos.
La evidencia más reciente es clara y liberadora: los hábitos tienen mucha más influencia en nuestra salud que el número en la báscula. Los estudios demuestran que, cuando se incorporan hábitos saludables (como comer vegetales, moverse y no fumar), el riesgo de mortalidad se iguala, independientemente del tamaño del cuerpo.
Entonces, ¿por qué seguimos escuchando que la "obesidad" es el enemigo? Lamentablemente, el miedo vende. Existe una industria inmensa que se lucra de nuestra inseguridad y de los intentos fallidos por perder peso. Además, desmontar una creencia tan arraigada socialmente es incómodo; requiere que cuestionemos nuestros propios sesgos y privilegios.
Pero la realidad clínica es contundente. Trabajar desde un enfoque inclusivo en peso ha demostrado:
Mejorar la salud física: Estabiliza la presión arterial y los perfiles lipídicos.
Proteger la salud mental: Reduce la ansiedad, la sintomatología depresiva y la insatisfacción corporal.
Ser sostenible: Fomenta una alimentación intuitiva y un movimiento placentero que sí se pueden mantener a largo plazo, a diferencia de las dietas restrictivas.
2. Porque a mí me cambió la vida
Más allá de los datos oficiales, te hablo desde mi propia vivencia.
Pasé gran parte de mi vida, desde la adolescencia, en conflicto con mi cuerpo. Percibirme como "gorda" debido a juicios externos fue el detonante de un eterno bucle de restricción y descontrol.
Normalicé vivir a dieta entre semana y "saltármela a lo grande” el fin de semana. A los 30, el "mundo fitness" disfrazó mi obsesión de salud: contar macros, fases de definición, cheat meals... Mi cuerpo se rebeló y perdí la menstruación durante un año (amenorrea hipotalámica), a pesar de estar en un supuesto "normopeso" y de que las analíticas parecían estar bien.
En medio de ese control rígido, sentía una envidia profunda de la niña que fui un día: esa que no se preocupaba por lo que comía, que no sabía qué eran las calorías y que solo sabía disfrutar. Anhelaba volver a esa libertad.
Busqué ayuda psicológica, pero recibí más de lo mismo: restricción, prohibición de ultraprocesados y control externo para evitar los atracones. Lejos de ayudarme, eso solo alimentó mi sensación de impotencia y la creencia de que había algo "roto" en mí.
Hasta que dije basta e investigué. Descubrir el enfoque inclusivo en peso fue como encender la luz. Con ayuda especializada, me di el permiso incondicional de comer y dejé de luchar. Descubrí que hay vida más allá de la culpa, de la hipervigilancia y de medir mi valía en kilos.
Y que no se entienda mal, no fue cómodo. Tuve que exponerme al miedo a engordar y aprender a no derrumbarme ante los comentarios desubicados de terceras personas. No obstante, persistí, porque sabía que era lo correcto, y ahora me siento libre, me siento conectada conmigo misma.
Hoy, no puedo no ver esa realidad. Y mi mayor motivación es acompañarte a ti para que también la veas. Porque el precio de intentar transformar tu cuerpo constantemente es demasiado alto: secuestra tu vida.
Tú eres mucho más que la forma de tu cuerpo. ¿Quieres descubrir qué hay al otro lado?
Dame la mano, yo te llevo.
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